viernes, 2 de octubre de 2020

NUEVA CULTURA POLÍTICA PARA AMÉRICA LATINA

 


El mundo actual trajo consigo una serie de desafíos para los que se debe estar preparado. Conocerlos, ayudará a desarrollar actitudes que enfrenten dichos desafíos, alcanzando una nueva cultura que haga crecer a las personas dentro de su sociedad. Este documento muestra el análisis del crecimiento democrático a alcanzar para lograr una nueva cultura política, tomando en cuenta el impacto que tiene la globalización, el nuevo concepto de gobernabilidad, la cultura de la corrupción que va de la mano de la ética y la política para llegar finalmente a visualizar a la ética como la respuesta a todos estos desafíos contemporáneos.


DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Tunnermann (2003) muestra un interesante punto de partida en estas tendencias del mundo actual, que enfocan claramente la problemática en la que se debe trabajar para lograr un bien común y una mejor sociedad.

Claramente se refleja las sociedades inequitativas con el crecimiento de la globalización, lo que conlleva a una exclusión casi inevitable y a una pobreza evidente como consecuencia de la desigualdad de condiciones. “El rápido desarrollo de la tercera revolución industrial, el continuo progreso de la globalización y sus crecientes efectos, que están realmente conmoviendo los fundamentos de la sociedad, pero cuyo principal riesgo es que están generando a nivel mundial, una sociedad dual, cada vez más inequitativa, entre las naciones y al interior de éstas” (Tunnermann, 2003, p.1).

El crecimiento de la violencia física y psicológica, que desembocan en conflictos, amenazas de paz y violación de derechos humanos. Por supuesto todo esto empeora con el crecimiento excesivo de la población mundial y que de muchas formas está relacionado con la degradación del medio ambiente. “La emergencia de nuevas amenazas a la paz, la seguridad y los derechos humanos. Surgen nuevas formas de violencia y de conflictos, con las características que ahora son más frecuentes al interior de los Estados que entre los Estados (racismo, xenofobia, intolerancia religiosa o étnica, discriminación, ultranacionalismo)” (Tunnermann, 2003, p.1).

La denominada “desigualdad digital” (Tunnermann, 2003, p.2), haciendo referencia a la brecha marcada entre los que tienen acceso a las tecnologías de la información y comunicación y a los que no. Como consecuencia de la globalización, se ve los cambios en los sistemas democráticos y pluralismo cultural. Por otro lado, la equidad de género, la importancia que ha tomado el rol de la mujer dentro de la sociedad y finalmente, la importancia que adquiere día a día la ciencia y tecnología dentro de dicha sociedad.

LA GLOBALIZACIÓN Y EL NUEVO CONCEPTO DE GOBERNABILIDAD

Es importante comprender e interpretar la definición globalización para entender el impacto que tiene dentro de las tendencias actuales mencionadas anteriormente. No solo implica economía, sino también ciencia, tecnología, educación, cultura, política. No es homogénea en todo el mundo y se requiere de nuevos enfoques y políticas para encontrar el lado positivo de la misma.  “La globalización se define como un proceso que integra a nivel mundial el conocimiento, tiene su referente histórico en los cambios de las formas como se abordan procesos, métodos e información; su inicio se documenta al final del siglo XX, Castells, M. (2001) más allá de la discrepancia sobre si es un producto del desarrollo tecnológico o una evolución inevitable del capitalismo, la investigación surge a partir de la formulación de las siguientes interrogantes: ¿Qué importancia tiene el estudio de la globalización?, ¿Qué aportes importantes ha producido la comunidad científica en torno a la globalización? y ¿Cuáles han sido las perspectivas o enfoques abordados?” (Flores, 2016, p. 2).

Se habla de una modernización del Estado, ya que durante los últimos gobiernos en América Latina no se ha generado estabilidad ni bienestar. El reto es fortalecer las instituciones democráticas y brindar esta sensación de equidad social.  “Si en la sociedad se arraiga el sentimiento de que en ella prevalece una gran desigualdad social, es difícil que se genere la estabilidad que el desarrollo humano sustentable requiere. Tiene que existir una cierta “sensación de equidad social”, señalan los analistas, para que la gobernabilidad no esté sometida al riesgo constante de la polarización y el estallido social” (Tunnermann, 2003, p.5). 

Se necesita reformar el estado, definir su rol dentro de una sociedad contemporánea y hacerlo más funcional, adecuarlo, redistribuir tareas; buscar un Estado moderno que permita implementar políticas y estrategias de desarrollo. “El papel estratégico del Estado, como generador de políticas de largo plazo, obliga a mejorar la calidad del Estado y a introducir la cultura de la visión prospectiva, la planificación estratégica y la evaluación permanente de sus actividades” (Tunnermann, 2003, p.7).

CULTURA DE CORRUPCIÓN DE LA MANO DE LA ÉTICA Y POLÍTICA

La corrupción lleva años en Latinoamérica y prueba de ello son los gobiernos perpetuados en el poder que no permiten el progreso de un país. “Como todos sabemos, la corrupción no es algo nuevo en nuestra vida nacional latinoamericana. Desafortunadamente, tiene una larga historia y su presencia la detectamos en casi todas las diferentes épocas de nuestro acontecer, siendo realmente excepcionales los periodos en que prevalecieron la transparencia, la probidad y la austeridad administrativa” (Tunnermann, 2003, p.8).

La forma más tangible de la corrupción es el narcotráfico, destroza sociedades hace bastante tiempo atrás. “La corrupción es un flagelo que afecta, en diferentes grados, a todas las sociedades. Hoy día puede decirse que forma parte de tan mentado fenómeno de la globalización. Hay formas de corrupción, como el narcotráfico y otras, que por su misma naturaleza tienen una proyección internacional. Además, se asegura que se remonta en el pasado tan lejos como puede llegar la mirada del historiador” (Tunnermann, 2003, p.8).

Todos los ciudadanos componentes de una sociedad juegan un rol importante en la lucha contra la corrupción, porque de alguna manera la indiferencia y una actitud pasiva lo convierten en cómplice al ciudadano común. Se debe entender que el poder corrompe a través del autoritarismo, exceso de reglamentaciones, exceso de burocracia, nepotismo, opinión pública complaciente, entre muchos otros. “La ciudadanía, a través de las distintas formas de organización de la sociedad civil, tiene un rol importante, diríamos decisivo, en la lucha contra la corrupción. Ciudadanos indiferentes y sociedades pasivas, que guardan silencio ante el abuso de los funcionarios públicos, devienen, en última instancia, en cómplices de la corrupción, cuando no en usufructuarios de la misma” (Tunnermann, 2003, p.8).

El punto principal es que la política debe estar regida por la ética. Se debe proponer una interdependencia entre lo ético y lo político, de tal manera que los valores sean el eje central sobre el que se mueva al ámbito político. “La revalorización ética de la política llevaría a la ciudadanía a recuperar la credibilidad en la política como una actividad cuyo fin último es promover el bien común. El político debe promover la ética en todo lo que atañe a la sociedad, a partir de su propia transformación ética, su propio cambio”. (Tunnermann, 2003, p.9).

La misma figura se debe reflejar en el ambiente privado, en el que no basta ser eficiente, sino también ser una persona rica en valores; esto comienza en casa y se va solidificando con la educación. “La formación ética del ciudadano debe iniciarse en el seno de la familia y debe ser uno de los objetivos fundamentales de la educación. Es en el aula donde se gesta la educación para una ciudadanía consciente y activa. Todo esto demanda incorporar en los sistemas educativos de la región la formación en valores, mediante métodos pedagógicos que no se limiten a la simple transmisión de principios sino que, además, susciten la formación de conductas éticas” (Tunnermann, 2003, p.10)

LA ÉTICA COMO RESPUESTA A LOS DESAFÍOS CONTEMPORÁNEOS

Suena irreal y utópico pero ciertamente sería excelente que el siglo XXI sea el siglo de la ética. Es necesario intentar construir una modernidad ética, en la que primen los valores, igualdad de derechos; en la que los saberes científicos progresen con el fin de ayudar a la sociedad y le traiga paz. “El sueño de los pensadores que no estamos dispuestos a renunciar a la utopía, porque “sin utopía, nos dice Joan Manuel Serrrat, la vida sería un ensayo para la muerte”, es que el siglo XXI sea el siglo de la ética, que domine y reemplace al siglo de la técnica” (Tunnermann, 2003, p.11).

Como ciudadanos que forman parte de una sociedad democrática, es importante iniciar el cambio en casa, en el trabajo, en el entorno en el que se vive, promoviendo la solidaridad que tanta falta hace. “Los gobiernos realmente democráticos tienen que asegurar la equidad, que contribuya a la estabilidad y aleje las posibilidades del estallido social. Para eso deben propiciar la solidaridad, que es lo que está faltando en las relaciones humanas e internacionales en este final de siglo” (Tunnermann, 2003, p.12).

Un punto de partida para crear un nuevo pacto social puede ser trabajar en formar personas líderes con los suficientes valores que el día de mañana lo reflejen en construir un gobierno democrático. “Se trata de diseñar un nuevo pacto social, que no se agote, como el “Contrato social” roussoniano, en el reconocimiento de los derechos políticos dl ciudadano frente al Estado, sino que proclame a los seres humanos como protagonistas y beneficiarios principales del desarrollo y reduzca las tremendas asimetrías que a nivel planetario está engendrando la globalización” (Tunnermann, 2003, p.12).

Todos deben aportar siendo protagonistas del desarrollo en una sociedad y no así quedando de espectadores en un mundo que necesita gente activa, dispuesta a enfrentar problemas y prepararse para resolverlos. “El nuevo pacto social y político estaría construido sobre la urgencia de promover la gobernabilidad democrática de la globalización, de suerte de lograr una sociedad contemporánea más justa, de la que se erradiquen la pobreza y las desigualdades en los campos económicos, sociales, científicos-tecnológicos y de acceso a la información y la comunicación” (Tunnermann, 2003, p.13).

CONCLUSIÓN

Es importante buscar siempre el progreso, actualización, protección humana y el respeto por la vida dentro de la sociedad a la que se pertenece. Todo esto puede ser posible si se está consciente de todos los desafíos y problemas con los que se vive en la actualidad. Hay que trabajar duro hasta obtener de alguna manera un nuevo pacto social que promueva una gobernabilidad democrática, alcanzar una sociedad justa, erradicar la pobreza y acabar con la desigualdad, comenzando en la constante preparación personal y transmitiendo no solo conocimientos sólidos, sino también fuertes valores.

No basta con ser espectador. La sociedad necesita de personas con valores dispuestas a ser protagonistas del progreso del mundo en el que viven, comenzando siempre en casa, alimentando las ganas de aprender día a día, contagiando esa sed de superarse con las personas que lo rodean y promoviendo el deseo de conseguir una mejor patria para todos. Buscar la ética, combatir la corrupción desde sus niveles más bajos y así convertirse en los cimientos de un nuevo progreso, de un país lleno de oportunidades, en el que los profesionales tengan ganas de trabajar y hacer crecer, en lugar de buscar donde escapar para ser mejores.

 BIBLIOGRAFÍA

Tünnermann, C. (2005). Una nueva Cultura Política para América Latina. UPOLI, Universidad Politécnica de Nicaragua. Recuperado el 29 de septiembre 2020, http://biblioteca.clacso.edu.ar/Nicaragua/cielac-upoli/20120806021649/tunner5.pdf

Flores, M. V. (2016). La Globalización Como Fenómeno Político, Económico Y Social. Orbis. Revista Científica Ciencias Humanas, vol. 12, núm. 34, 2016, pp. 26-41. Maracaibo, Venezuela

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