El mundo actual trajo
consigo una serie de desafíos para los que se debe estar preparado. Conocerlos,
ayudará a desarrollar actitudes que enfrenten dichos desafíos, alcanzando una
nueva cultura que haga crecer a las personas dentro de su sociedad. Este documento
muestra el análisis del crecimiento democrático a alcanzar para lograr una
nueva cultura política, tomando en cuenta el impacto que tiene la
globalización, el nuevo concepto de gobernabilidad, la cultura de la corrupción
que va de la mano de la ética y la política para llegar finalmente a visualizar
a la ética como la respuesta a todos estos desafíos contemporáneos.
DESAFÍOS
DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA
Tunnermann (2003) muestra un
interesante punto de partida en estas tendencias del mundo actual, que enfocan
claramente la problemática en la que se debe trabajar para lograr un bien común
y una mejor sociedad.
Claramente se refleja las sociedades
inequitativas con el crecimiento de la globalización, lo que conlleva a una
exclusión casi inevitable y a una pobreza evidente como consecuencia de la
desigualdad de condiciones. “El rápido desarrollo de la tercera revolución
industrial, el continuo progreso de la globalización y sus crecientes efectos,
que están realmente conmoviendo los fundamentos de la sociedad, pero cuyo
principal riesgo es que están generando a nivel mundial, una sociedad dual,
cada vez más inequitativa, entre las naciones y al interior de éstas”
(Tunnermann, 2003, p.1).
El crecimiento de la violencia
física y psicológica, que desembocan en conflictos, amenazas de paz y violación
de derechos humanos. Por supuesto todo esto empeora con el crecimiento excesivo
de la población mundial y que de muchas formas está relacionado con la
degradación del medio ambiente. “La emergencia de nuevas amenazas a la paz, la
seguridad y los derechos humanos. Surgen nuevas formas de violencia y de
conflictos, con las características que ahora son más frecuentes al interior de
los Estados que entre los Estados (racismo, xenofobia, intolerancia religiosa o
étnica, discriminación, ultranacionalismo)” (Tunnermann, 2003, p.1).
La denominada “desigualdad
digital” (Tunnermann, 2003, p.2), haciendo referencia a la brecha marcada entre
los que tienen acceso a las tecnologías de la información y comunicación y a
los que no. Como consecuencia de la globalización, se ve los cambios en los
sistemas democráticos y pluralismo cultural. Por otro lado, la equidad de
género, la importancia que ha tomado el rol de la mujer dentro de la sociedad y
finalmente, la importancia que adquiere día a día la ciencia y tecnología
dentro de dicha sociedad.
LA
GLOBALIZACIÓN Y EL NUEVO CONCEPTO DE GOBERNABILIDAD
Es importante comprender e
interpretar la definición globalización para entender el impacto que tiene
dentro de las tendencias actuales mencionadas anteriormente. No solo implica
economía, sino también ciencia, tecnología, educación, cultura, política. No es
homogénea en todo el mundo y se requiere de nuevos enfoques y políticas para
encontrar el lado positivo de la misma. “La
globalización se define como un proceso que integra a nivel mundial el
conocimiento, tiene su referente histórico en los cambios de las formas como se
abordan procesos, métodos e información; su inicio se documenta al final del
siglo XX, Castells, M. (2001) más allá de la discrepancia sobre si es un
producto del desarrollo tecnológico o una evolución inevitable del capitalismo,
la investigación surge a partir de la formulación de las siguientes
interrogantes: ¿Qué importancia tiene el estudio de la globalización?, ¿Qué
aportes importantes ha producido la comunidad científica en torno a la
globalización? y ¿Cuáles han sido las perspectivas o enfoques abordados?” (Flores,
2016, p. 2).
Se habla de una
modernización del Estado, ya que durante los últimos gobiernos en América
Latina no se ha generado estabilidad ni bienestar. El reto es fortalecer las
instituciones democráticas y brindar esta sensación de equidad social. “Si en la sociedad se arraiga el sentimiento
de que en ella prevalece una gran desigualdad social, es difícil que se genere
la estabilidad que el desarrollo humano sustentable requiere. Tiene que existir
una cierta “sensación de equidad social”, señalan los analistas, para que la
gobernabilidad no esté sometida al riesgo constante de la polarización y el
estallido social” (Tunnermann, 2003, p.5).
Se necesita reformar el
estado, definir su rol dentro de una sociedad contemporánea y hacerlo más
funcional, adecuarlo, redistribuir tareas; buscar un Estado moderno que permita
implementar políticas y estrategias de desarrollo. “El papel estratégico del
Estado, como generador de políticas de largo plazo, obliga a mejorar la calidad
del Estado y a introducir la cultura de la visión prospectiva, la planificación
estratégica y la evaluación permanente de sus actividades” (Tunnermann, 2003,
p.7).
CULTURA
DE CORRUPCIÓN DE LA MANO DE LA ÉTICA Y POLÍTICA
La corrupción lleva años en
Latinoamérica y prueba de ello son los gobiernos perpetuados en el poder que no
permiten el progreso de un país. “Como todos sabemos, la corrupción no es algo
nuevo en nuestra vida nacional latinoamericana. Desafortunadamente, tiene una
larga historia y su presencia la detectamos en casi todas las diferentes épocas
de nuestro acontecer, siendo realmente excepcionales los periodos en que
prevalecieron la transparencia, la probidad y la austeridad administrativa”
(Tunnermann, 2003, p.8).
La forma más tangible de la
corrupción es el narcotráfico, destroza sociedades hace bastante tiempo atrás. “La
corrupción es un flagelo que afecta, en diferentes grados, a todas las
sociedades. Hoy día puede decirse que forma parte de tan mentado fenómeno de la
globalización. Hay formas de corrupción, como el narcotráfico y otras, que por
su misma naturaleza tienen una proyección internacional. Además, se asegura que
se remonta en el pasado tan lejos como puede llegar la mirada del historiador”
(Tunnermann, 2003, p.8).
Todos los ciudadanos
componentes de una sociedad juegan un rol importante en la lucha contra la
corrupción, porque de alguna manera la indiferencia y una actitud pasiva lo
convierten en cómplice al ciudadano común. Se debe entender que el poder
corrompe a través del autoritarismo, exceso de reglamentaciones, exceso de
burocracia, nepotismo, opinión pública complaciente, entre muchos otros. “La
ciudadanía, a través de las distintas formas de organización de la sociedad
civil, tiene un rol importante, diríamos decisivo, en la lucha contra la
corrupción. Ciudadanos indiferentes y sociedades pasivas, que guardan silencio
ante el abuso de los funcionarios públicos, devienen, en última instancia, en
cómplices de la corrupción, cuando no en usufructuarios de la misma”
(Tunnermann, 2003, p.8).
El punto principal es que la
política debe estar regida por la ética. Se debe proponer una interdependencia
entre lo ético y lo político, de tal manera que los valores sean el eje central
sobre el que se mueva al ámbito político. “La revalorización ética de la
política llevaría a la ciudadanía a recuperar la credibilidad en la política
como una actividad cuyo fin último es promover el bien común. El político debe promover
la ética en todo lo que atañe a la sociedad, a partir de su propia
transformación ética, su propio cambio”. (Tunnermann, 2003, p.9).
La misma figura se debe
reflejar en el ambiente privado, en el que no basta ser eficiente, sino también
ser una persona rica en valores; esto comienza en casa y se va solidificando
con la educación. “La formación ética del ciudadano debe iniciarse en el seno
de la familia y debe ser uno de los objetivos fundamentales de la educación. Es
en el aula donde se gesta la educación para una ciudadanía consciente y activa.
Todo esto demanda incorporar en los sistemas educativos de la región la
formación en valores, mediante métodos pedagógicos que no se limiten a la
simple transmisión de principios sino que, además, susciten la formación de conductas
éticas” (Tunnermann, 2003, p.10)
LA
ÉTICA COMO RESPUESTA A LOS DESAFÍOS CONTEMPORÁNEOS
Suena irreal y utópico pero
ciertamente sería excelente que el siglo XXI sea el siglo de la ética. Es
necesario intentar construir una modernidad ética, en la que primen los
valores, igualdad de derechos; en la que los saberes científicos progresen con
el fin de ayudar a la sociedad y le traiga paz. “El sueño de los pensadores que
no estamos dispuestos a renunciar a la utopía, porque “sin utopía, nos dice
Joan Manuel Serrrat, la vida sería un ensayo para la muerte”, es que el siglo
XXI sea el siglo de la ética, que domine y reemplace al siglo de la técnica”
(Tunnermann, 2003, p.11).
Como ciudadanos que forman
parte de una sociedad democrática, es importante iniciar el cambio en casa, en
el trabajo, en el entorno en el que se vive, promoviendo la solidaridad que
tanta falta hace. “Los gobiernos realmente democráticos tienen que asegurar la
equidad, que contribuya a la estabilidad y aleje las posibilidades del
estallido social. Para eso deben propiciar la solidaridad, que es lo que está
faltando en las relaciones humanas e internacionales en este final de siglo”
(Tunnermann, 2003, p.12).
Un punto de partida para
crear un nuevo pacto social puede ser trabajar en formar personas líderes con
los suficientes valores que el día de mañana lo reflejen en construir un
gobierno democrático. “Se trata de diseñar un nuevo pacto social, que no se
agote, como el “Contrato social” roussoniano, en el reconocimiento de los
derechos políticos dl ciudadano frente al Estado, sino que proclame a los seres
humanos como protagonistas y beneficiarios principales del desarrollo y reduzca
las tremendas asimetrías que a nivel planetario está engendrando la
globalización” (Tunnermann, 2003, p.12).
Todos deben aportar siendo
protagonistas del desarrollo en una sociedad y no así quedando de espectadores
en un mundo que necesita gente activa, dispuesta a enfrentar problemas y
prepararse para resolverlos. “El nuevo pacto social y político estaría
construido sobre la urgencia de promover la gobernabilidad democrática de la
globalización, de suerte de lograr una sociedad contemporánea más justa, de la
que se erradiquen la pobreza y las desigualdades en los campos económicos,
sociales, científicos-tecnológicos y de acceso a la información y la
comunicación” (Tunnermann, 2003, p.13).
CONCLUSIÓN
Es importante buscar siempre
el progreso, actualización, protección humana y el respeto por la vida dentro
de la sociedad a la que se pertenece. Todo esto puede ser posible si se está
consciente de todos los desafíos y problemas con los que se vive en la
actualidad. Hay que trabajar duro hasta obtener de alguna manera un nuevo pacto
social que promueva una gobernabilidad democrática, alcanzar una sociedad
justa, erradicar la pobreza y acabar con la desigualdad, comenzando en la
constante preparación personal y transmitiendo no solo conocimientos sólidos,
sino también fuertes valores.
No basta con ser espectador.
La sociedad necesita de personas con valores dispuestas a ser protagonistas del
progreso del mundo en el que viven, comenzando siempre en casa, alimentando las
ganas de aprender día a día, contagiando esa sed de superarse con las personas
que lo rodean y promoviendo el deseo de conseguir una mejor patria para todos.
Buscar la ética, combatir la corrupción desde sus niveles más bajos y así
convertirse en los cimientos de un nuevo progreso, de un país lleno de
oportunidades, en el que los profesionales tengan ganas de trabajar y hacer
crecer, en lugar de buscar donde escapar para ser mejores.
BIBLIOGRAFÍA
Tünnermann, C. (2005). Una
nueva Cultura Política para América Latina. UPOLI, Universidad Politécnica de
Nicaragua. Recuperado el 29 de septiembre 2020,
http://biblioteca.clacso.edu.ar/Nicaragua/cielac-upoli/20120806021649/tunner5.pdf
Flores, M. V. (2016). La
Globalización Como Fenómeno Político, Económico Y Social. Orbis. Revista
Científica Ciencias Humanas, vol. 12, núm. 34, 2016, pp. 26-41. Maracaibo,
Venezuela

No hay comentarios.:
Publicar un comentario